![]()
El fin de año se acerca y con él, una lista de propósitos, algunos nuevos, algunos reciclados de años anteriores. Pensar que el ciclo se reinicia, nos brinda una esperanza y creer que este año nuevo será diferente.
Pero, ¿qué es lo que realmente cambia?. Los días, las semanas, los meses, continúan su camino, al igual que nuestras rutinas y hábitos.
Pero entonces, ¿Por qué trabajar en propósitos que sabemos no vamos a cumplir?, por ejemplo, los más comunes, que no dependen de un pensamiento sino de una actitud y hábitos.
El gimnasio lleno en enero, vacío en febrero
El primero y el más común, es el ir al gimnasio. No hablamos solamente de una necesidad de bajar de peso, en muchas ocasiones lo que nos impulsa o bien nos orilla, es el recuperar o mantener nuestra salud.
Un patrón que se repite en varios países, es la taza de deserción que ocurre en los meses de febrero y marzo, hasta un 60% de usuarios que se inscriben en enero, dejan de ir en los siguientes meses.

La dieta dura hasta la rosca de Reyes
Y si hablamos de salud, el siguiente en la lista, el hacer dieta o comer sano. Pero, ¿Por qué esperar a año nuevo, si es algo que tenemos que hacer todos los días?.
Empiezas con la intención, pero llega la rosca de reyes o los tamales de la candelaria y se nos olvidan los propósitos.
En México, más del 37% de la población reportan algún tipo de obesidad, predominando en mujeres. En el caso de menores entre 5 y 19 años, superan el 35% en sobrepeso y obesidad, posicionando a México entre los países de mayor obesidad infantil en América latina.

Dejar los vicios, pero no saber donde.
Y otro propósito relacionado a la salud, dejar de fumar o beber. Propósito firme que tiene fecha de inicio no especificada, acompañada de pretextos.
Sin duda alguno es uno de los más difíciles de cumplir, los más de 14 millones de fumadores en nuestro país, claudican en su propósito en las primeras semanas.
El año nuevo no trae magia
También tenemos propósitos relacionados a nuestra educación, aprendizaje o mejora personal. El aprender un nuevo idioma, otra carrera, curso, leer más libros, aprender a tocar un instrumento, etc.
Dejando a un lado el incluir estas actividades en nuestros propósitos. También es un hábito que se adquiere con la constancia, además de que nos trae más beneficios como el reducir el estrés, mejora la memoria, la confianza, abre nuevas oportunidades académicas y laborales.

Conclusión:
Los propósitos de año nuevo en su mayoría de las veces, son solo una bonita ilusión que se oyen o se escriben bien, ocasionada por la euforia colectiva y la frustración compartida.
Así que no esperes un nuevo año, aprovecha cada minuto, cada despertar, para iniciar una nueva rutina para encontrar ese impulso para transformar hábitos.









Leave a Reply