lun. Abr 19th, 2021

Por Raúl Gutiérrez

México.- La noche era lluviosa así que tardaba un poco más el Metro en llegar de estación a estación, mientras caminaba por el anden pude percibir ese rico aroma a café, por lo que volteé y ahí lo vi, un caballero vestido con traje azul y un ramo de rosas rojas en la mano, dándole un sorbo a su café que había comprado en un Starbucks.

Lo primero que imaginé es que si le alcanzaba para pagar un café de marca, pues también debería de pagar un Uber, bueno lo digo por las rosas que corren el riesgo de ser maltratadas con el mar de gente que hay en el Metro..

Pero al levantar mi mirada observé que sobre su cabeza estaba el reloj, fue ahí donde me di cuenta que no esperaba el Metro, si no a su amada y la recibiría con un ramo de rosas, ‘no recuerdo cuando fue la última vez que hice eso, quizá cada uno tenga su estilo de romanticismo’

Faltaban 3 minutos para las nueve la hora de la cita estaba por llegar, lo supe porqué el hombre también dio un vistazo a su reloj, el encuentro estaría muy próximo, ni al director Luca Guadagnino de cine romántico se le hubiera ocurrido una escena así de especial y es que debajo del reloj del Metro se han escrito miles de historias, y yo estaba por presenciar una, en lo que llegaba el transporte colectivo que me llevaría a mi casa.

Una sonrisa se dibujo en el rostro de aquel hombre de aproximadamente 35 años de edad, colocó su mano en la espalda para esconder las rosas y así darle la sorpresa, la chica con un semblante frío se quedó a dos pasos de distancia del sujeto, mismo que puso atención a unas cuantas palabras que le dijo la mujer y aunque no alcance a escuchar nada pude notar que algo estaba mal pues observé como de su mano dejaba caer ese ramo de rosas…

La mujer se dio media vuelta y se fue, el hombre le dio otro sorbo al café, recogió las rosas y las arrojó a las vías del Metro estas fueron arrolladas y destrozadas al igual que lo habían hecho con el.

Me subí al Metro solo observe al del traje azul que caminaba rumbo a la salida con una mano en la bolsa del pantalón y en la otra su café…

Aún trató de descifrar aquellas palabras que le dijo la mujer que había esperado en el Metro, que seguramente quedarán por el resto de sus días, mientras el se alejó de la estación en silencio, mientras sus emociones se habían quedado ahí y abordaron junto conmigo a un destino incierto.

Quizá en este momento esa persona este leyendo su propia historia, quizá el escenario fue otro y no en el Metro, quizá las rosas sólo fueron el símbolo que pudo haber encerrado ese amor y terminaron destrozadas en el camino…

Quizá tu puedas ser el siguiente pasajero en el Metro donde nada es permanente y todo tiene un destino, nadie se queda en una estación para siempre.

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2 comentarios en «El hombre que arrojó rosas a las vías del Metro»

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